Misa y oración por los enfermos y afligidos – Renovación Carismática Católica

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¿A que vamos a un grupo de oración? – Renovación Carismática Católica

Muchas veces confundimos la finalidad que debe tener un grupo de oración y queremos hacerlo a nuestro propio gusto. Cuando así lo hacemos, vamos desvirtuando la razón de ser de dicho grupo y este pierde su vitalidad y su fuerza.

Uno de los motivos que crean confusión es el mezclar erróneamente la oración personal, con la oración comunitaria, queriendo hacer de la reunión semanal de oración comunitaria, un tiempo para hacer oración personal. Esto sucede cuando nuestra oración personal es inexistente o se encuentra en vías de extinción. Al no llenarnos de Dios en nuestro tiempo de devoción personal queremos reemplazarlo en la oración comunitaria y al no llenarnos de Dios como esperábamos, nos frustramos y le echamos la culpa de nuestra negligencia espiritual al grupo de oración.

Queridos hermanos la oración personal es eso precisamente «Personal» y es por lo tanto «indelegable». Otros pueden interceder por ti, pero nadie puede orar en tu lugar.

En la oración personal, Dios nos sana, nos limpia, nos da vida, nos da dirección a través de su palabra, y eso sólo puede hacerlo el Señor con su gracia mediante el poder del Espíritu Santo en tu oración personal.

Cuando venimos luego al grupo de oración semanal, trabajamos en el, volcando todo lo que el Señor nos ha regalado en nuestro encuentros personales, compartiéndolo con los demás hermanos del grupo.

La Palabra de Dios nos enseña en 1 Cor. 14,26 «En resumen, cuando se reúnan, cada cual puede tener un salmo, una instrucción, una revelación, un discurso en lengua, una interpretación; pero que todo sea para edificación mutua.»

El grupo de oración no es un lugar donde venimos pasivamente a tratar de sobrevivir espiritualmente con lo que el Señor les da otros hermanos. Por el contrario es un lugar donde venimos activamente a edificarnos mutuamente, con todos los materiales espirituales que hemos recibido en nuestros encuentros personales con el Señor Jesús.

PASTOREAR EN EL ESPÍRITU – Renovación Carismática Católica

de Mons. Uribe Jaramillo

PRESENTACIÓN

La pastoral en el Espíritu es la gran urgencia de la Iglesia en el mundo de hoy. Una pastoral en el Espíritu, siguiendo el modelo de las primeras comunidades cristianas y viviendo, en la comunión pedida con el Señor:

«En esto conocerá el mundo que son mis discipulos: en que se aman unos a otros» (Jn.13, 35)

Mons.Alfonso Uribe Jaramillo, ha explorado los campos de la teologia, la Biblia, del compromiso social, de la contemplaciión y la educacióon, nos introduce ahora, con precisión, en el mundo de la acción dinánica del Espiritu como obra eclesial pastoral.

Todo sacerdote, religioso o laico encontrará el «Espíritu» de lo que debe ser el quehacer pastoral, la praxis liberadora integral y el encuentro «salvador» con Cristo vivo en la oración, en la palabra y en el compartir.

Su vida toda, de servicio a la Iglesia, a los pobres y necesitados, a los «sedientos de aguas vivas» es la más elocuente teología para nuestro mundo latinoamericano, un mundo de cambios profundos y acelerados.

Quiera el Santo Espíritu, el que imploramos y suplicamos en nuestras preces diarias, venir a este mundo y sobre su Iglesia.

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Música Católica – Cristo Reina – Athenas – Renovación Carismática Católica

Vídeo

Papa Francisco – Los Carismas – Renovación Carismática Católica

En esta semana, continuamos hablando de la Iglesia. Desde el inicio, el Señor ha colmado a la Iglesia de los dones de su Espíritu, haciéndola así siempre viva y fecunda, con los dones del Espíritu Santo. Entre estos dones, se distinguen algunos que resultan particularmente preciosos por la edificación y el camino de la comunidad cristiana: se trata imagesde los carismas. En esta catequesis sobre la Iglesia queremos preguntarnos: ¿qué es exactamente un carisma? ¿Cómo podemos reconocerlo y acogerlo? Y sobre todo: ¿el hecho que en la Iglesia haya una diversidad y una multiplicidad de carismas, es visto en sentido positivo, como algo bonito, o como un problema?

En el lenguaje común, cuando se habla de «carisma», se entiende a menudo un talento, una habilidad natural. Se dice, «esta persona tiene un carisma especial para enseñar, tiene talento». Así, frente a una persona particularmente brillante y atractiva, se dice: «Es una persona carismática». ¿Qué significa? No lo sé, pero es carismática. Y así decimos, no sabemos qué decimos, pero decimos es carismática. En la prospectiva cristiana, sin embargo, el carisma es mucho más que una cualidad personal, de una predisposición de la que se puede estar dotado: el carisma es una gracia, un don concedido por Dios Padre, a través de la acción del Espíritu Santo. Y es un don que es dado a alguien no porque sea mejor que los otros o porque se lo ha merecido: es un regalo que Dios le hace, para que con la misma gratuidad y el mismo amor lo pueda poner al servicio de toda la comunidad, para el bien de todos.

Hablando un poco de forma humana se dice así: «Dios da esta cualidad, este carisma a esta persona, pero no para sí, sino para que esté al servicio de toda la comunidad». Hoy antes de llegar a la plaza he recibido muchos muchos niños discapacitados en el Aula Pablo VI, había muchos. Una asociación que se dedica al cuidado de estos niños. ¿Qué es? Esta asociación, estas personas, estos hombres, estas mujeres, tienen el carisma de cuidar a los niños discapacitados. Esto es un carisma.

Algo importante que se subraya enseguida es el hecho que uno no puede entender por sí mismo si tiene un carisma y cuál. Pero muchas veces nosotros hemos escuchado personas que dicen «yo tengo esta cualidad, sé cantar muy bien». Y nadie tiene el valor de decirle «mejor que estés callado porque nos atormenta a todos cuando tú cantas». Nadie puede decir «yo tengo este carisma». Es dentro de la comunidad que florecen y se desarrollan los dones de los que nos colma el Padre; y es en el seno de la comunidad que se aprende a reconocerlos como un signo de su amor para todos sus hijos. Cada uno de nosotros, entonces, está bien que se pregunte: «¿Hay algún carisma que el Señor ha hecho surgir en mí, que el Señor ha hecho surgir en mí, en la gracia de su Espíritu, y que mis hermanos, en la comunidad cristina, han reconocido y animado? ¿Y cómo me comporto yo en cuanto a este don: lo vivo con generosidad, poniéndolo al servicio de todos, o lo descuido y termino por olvidarlo? ¿O quizá se convierte en mí en motivo de orgullo, tanto como para quejarme siempre de los otros y pretender que en la comunidad se haga a mi manera? Son preguntas que debemos hacer. Si hay un carisma en mí, sea reconocido este carisma, de la Iglesia y si estoy contento con este carisma. O tengo un poco de celos del carisma de los otros. «Quiero tener ese carisma». El carisma es un don, solamente lo da Dios.

¡La experiencia más bonita es descubrir cuántos carismas diferentes y de cuántos de su Espíritu el Padre colma su Iglesia! Esto no debe ser visto como un motivo de confusión, de malestar: son todos regalos que Dios hace a la comunidad cristiana, para que pueda crecer en armonía, en la fe y en su amor, como un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo.

El mismo espíritu que da esta diferencia de Carismas da la unidad de la Iglesia, el mismo Espíritu. Frente a esta multiplicidad de carismas nuestro corazón se debe abrir a la alegría y debemos pensar: «¡Qué bonito! Tantos dones diferentes, porque somos todos hijos de Dios, y todos amados de una manera única». Ay, entonces, si estos dones se convierten en motivo de envidia o de división, de celos. Como recuerda el apóstol Pablo en su Primer Carta a los Corintios, en el capítulo 12, todos los carismas son importantes a los ojos de Dios y, al mismo tiempo, ninguno es insustituible. Esto quiere decir que en la comunidad cristiana necesitamos el uno del otro, y cada don recibido se realiza plenamente cuando es compartido con los hermanos, por el bien de todos. ¡Esta es la Iglesia! Y cuando la Iglesia, en la variedad de sus carismas, se expresa en comunión, no se puede equivocar: es la belleza y la fuerza del sensus fidei, de ese sentido sobre natural de la fe, que es donado por el Espíritu Santo para que, juntos, podamos todos entrar en el corazón del Evangelio y aprender a seguir a Jesús en nuestra vida.

Hoy la Iglesia celebra la fiesta Santa Teresa del Niño Jesús. Esta Santa que ha muerto a los 25 años amaba tanto la Iglesia, quería ser misionera, pero quería tener todos los carismas. Y decía «yo quiero hacer esto, esto, esto, todos los carismas quería». Ha ido a rezar, ha escuchado que su carisma era el amor. Y ha dicho esta bella frase «en el corazón de la Iglesia yo seré el amor» y este carisma lo tenemos todos. La capacidad de amar, pidamos hoy a Santa Teresa del Niño Jesús esta capacidad de amar tanto a la Iglesia, de amarla tanto y aceptar todos los carismas con este amor de hijos de la Iglesia, de nuestra Santa Madre Iglesia jerárquica.