LOS CARISMAS – RCC

Por el Padre Tardif

Los carismas son dones Ministeriales que dan una fuerza muy especial a la evangelización, también son dones espirituales especiales que el Señor nos da para edificar la comunidad para construir la Iglesia, algunos confunden la palabra carisma con otras cosas que no son carismas sino dones naturales, por ejemplo hemos oído hablar del carisma de un peluquero y el carisma de un político, carisma de un músico esos no son dones espirituales, son dones naturales que se desarrollan, pero un carisma estrictamente hablando es un don espiritual, si el Espíritu Santo está en nosotros, desde el día de nuestro Bautismo porque somos Templos vivos del Espíritu Santo, está en nosotros con todos sus dones y todos sus carismas, el día de nuestro bautismo hemos recibido el Espíritu Santo con sus siete Dones.

Los siete Dones del Espíritu Santo son realmente la raíz de todos los carismas, hablamos de siete Dones, podríamos hablar de infinidad de dones, porque el número siete en la Biblia significa plenitud, y el día de nuestro Bautismo hemos recibido, como leemos en (Isaías 11,1-2). Los siete Dones del Espíritu Santo, el don de Sabiduría, de Conocimiento, de Inteligencia, el don de Consejo, de fortaleza, el don de Piedad y el de Temor de Dios.

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El Espíritu Santo en la Renovación Carismática Católica

Por el Padre Diego JARAMILLO, C.I.M.

¿CÓMO ACTUA EL ESPÍRITU DE DIOS?

Creo que la respuesta se encuentra en los primeros capítulos de los Hechos de los Apóstoles.


Allí está la norma para los discípulos de todos los tiempos, y por lo tanto para nosotros los que seguimos a Jesús cuando comienza el tercer milenio de la historia cristiana.

Quisiera proponer como principio unificante de toda la actividad responsable de la Renovación » la apertura a la acción del Espíritu Santo». Sin la presencia del Espíritu de Dios, toda nuestra actividad se vuelve nada. Y con su fuerza, nuestra nada toma dimensiones insospechables de eficacia y de poder espiritual.

Creo, por lo demás, que los únicos que han dado un aporte serio a la Renovación de la Iglesia han sido los hombres llenos de Espíritu Santo. Esto es claro, porque no podemos construir una Iglesia diferente de la que el Espíritu Santo ha venido construyendo en veinte siglos.

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Misa en favor de los enfermos

Benedicto XVI – Invoquemos una renovada efusión del Espíritu Santo

Benedicto XVI animó hoy a invocar una renovada efusión del Espíritu Santo para toda la Iglesia, a fin de que el mensaje de salvación sea anunciado a todos.

Santo Padre Bendicto XVIDespués de recordar el descenso del Espíritu Santo sobre los apóstoles reunidos en el Cenáculo junto a la Virgen, afirmó que “en esta fiesta de Pentecostés, también nosotros queremos estar espiritualmente unidos a la Madre de Cristo y de la Iglesia invocando con fe una renovada efusión del divino Paráclito”.

“La invocamos para toda la Iglesia, en particular, en este Año Sacerdotal, para todos los ministros del Evangelio, para que el mensaje de salvación sea anunciado a todas las gentes”, añadió.

Y pidió rezar en concreto “para que sus miembros, fortalecidos con la gracia del Espíritu Santo, sientan cada día más la alegría de pertenecer a la gran familia de los discípulos de Cristo y, con fe viva, esperanza firme y ardiente caridad, den testimonio en el mundo del Evangelio de la salvación”.

El Papa se refirió al misterio de Pentecostés como a un “verdadero ‘bautismo’ de la Iglesia”, recordando aquella “manifestación de la potencia del Espíritu Santo, el cual -como viento y como fuego- descendió sobre los Apóstoles reunidos en el Cenáculo y les hizo capaces de predicar con valentía el Evangelio a todas las gentes”.

Y aseguró que la Iglesia “vive constantemente de la efusión del Espíritu Santo, sin el cual agotaría sus propias fuerzas, como una barca de vela a la que le faltara el viento”.

“Pentecostés se renueva de manera particular en algunos momentos fuertes, tanto en el ámbito local como en el universal, tanto en pequeñas asambleas como en grandes convocatorias”, explicó.

Y citó los ejemplos de los concilios y el encuentro de los movimientos eclesiales con Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro en Pentecostés del 1998.

“Pero la Iglesia experimenta innumerables “pentecostés” que vivifican las comunidades locales”, añadió.

“No hay por tanto Iglesia sin Pentecostés -declaró-. Y querría añadir: no hay Pentecostés sin la Virgen María”.