Multiplica tu FE

Si te quitan la Fe… te quitan todo.

El hombre, como creatura de Dios, es trascendente por naturaleza, por lo que la confianza en Su Creador es una fuerza vital (o debiera ser una fuerza vital) que lo sostiene aun en los momentos más difíciles.

El vacío existencial que actualmente muchos manifiestan, se debe frecuentemente a que creen en realidades que como aguas movedizas atrapan y afogan sin un sentido trascendente y que alejan del Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14:6) que los puede llevar a su salvación eterna. La Fe en Cristo es un fundamento sólido, firme, hecho de roca, que resiste cualquier tempestad. No va y viene con la moda, ni con los caprichos mundanos, no es voluble ni acomodaticia, sino estable y serena.

Perseverar en la Fe nos lleva a resultados tangibles y concretos; nos da paz interior y certeza de que las cosas en el mundo, si son atendidas por los seres humanos con intensidad, sana intención, persistencia, esfuerzo y muchas veces, con gran sacrificio, el resto se puede dejar en manos de Dios y Él se encargará del resultado final. Es decir, con Fe el hombre hace lo que tiene que hacer y el resto Dios lo dará por añadidura.

No dejemos que nos quiten nuestra Fe, no dejemos que prevalezca la cultura de la muerte, debemos insistir en promover la civilización del amor y la forma más eficiente para lograrlo es conservando nuestra Fe inamovible, a pesar de la insistencia del mundo actual que busca ahogarnos en el egoísmo, borrando de la vida cotidiana la presencia de Dios, dejándonos en una soledad cada vez más profunda e inevitable.

Como los ángeles se convirtieron en demonios

José Antonio Fortea  (Sacerdote español y teólogo especializado en demonología)

Los demonios no fueron creados malos, sino que después de haber sido creados fueron sometidos a una prueba antes de que se les ofreciera la visión de la esencia de la Divinidad, pues antes de la prueba veían a Dios, pero no a su esencia. Podría decirse a modo de ejemplo que ellos veían a Dios como una luz, que le oían como una voz majestuosa y santa, pero que su rostro seguía sin develarse. De todas maneras, aunque no penetraran en su esencia, sabían que era su Creador.

 En esa prueba unos obedecieron y otros desobedecieron. La psicología de los ángeles atravesó por una serie de fases antes de transformarse en demonios. Al comienzo les entró la duda de que quizá la desobediencia a la Ley divina fuera lo mejor. El hecho de que haciendo uso de su libertad, voluntariamente, aceptaran la posibilidad de que la desobediencia a Dios fuera una opción a considerar ya significa un pecado en sí mismo. Al principio la aceptación de la duda constituyó un pecado venial que poco a poco fue evolucionando hacia un pecado más grave. Sus voluntades fueron alejándose de Dios y como consecuencia sus inteligencias fueron aceptando como verdadero el mal que su voluntad había escogido. Sus inteligencias fueron consolidándose en el error. La voluntad de desobedecer  se fue afianzando, haciéndose cada vez más profunda. Y sus inteligencias iban buscando cada vez más razones para que todo ello resultase cada vez más justificable.

 Cada ángel llegó a un momento en el que no sólo quiso desobedecer, sino que incluso optó por tener una existencia al margen de la Divina. Ya no era un enfriamiento del amor a Dios, ya no era una desobediencia menor a algo determinado que les resultase difícil de aceptar, sino que en la voluntad de muchos de ellos apareció la idea de un destino apartado de Dios, autónomo.

 Entraron en un proceso espiritual de auto convencerse de que Dios no era tan Dios, perseveraron en ese pensamiento iniciando un proceso de justificación sobre su autonomía, de que podía ser su creador, pero que era un espíritu más, que podría tener fallas, errores.

 Las llamadas de Dios hacia estos ángeles para que volvieran hacia El eran visto como una intrusión inaceptable hacia su libertad. En esta fase, el odio en algunos espíritus creció más y en otros menos.

 La transformación en demonios fue progresiva. Con el transcurrir del tiempo unos odiaron más, otros menos; unos se hicieron más soberbios, otros no tanto. Cada ángel rebelde fue deformándose más y más según la magnitud de los pecados y por el contrario los ángeles fieles se fueron santificando progresivamente, unos en una virtud, otros en otra. Cada ángel fiel amó con una medida de amor distinta, según su propia voluntad y según la gracia de Dios.

 La batalla acabó cuando cada uno quedó encasillado en su postura. Podían seguir discutiendo (espiritualmente hablando) exhortándose al cambio durante miles de años pero ya solo habría cambios accidentales.

 Fue entonces cuando los ángeles fueron admitidos a la presencia divina y a los demonios se les dejó que se alejaran, se les dejó en la situación de postración moral en la que cada uno se había situado.

Como saber si es la voluntad de Dios

San Pablo, en Colosenses 1,9-14 dice que debemos de estar LLENOS del conocimiento de la voluntad de Dios y tener TODA sabiduría espiritual y entendimiento. Esto elimina las dudas acerca de las decisiones correctas que debemos de tomar. Previene malasinterpretaciones de las señales que él nos da. Nos permite pensar con la mente de Cristo, reemplazando lo que asumimos estar correcto con lo que el Espíritu Santo, quien vive dentro de nosotros, sabe que es correcto.

Dios generalmente no nos da conocimiento del futuro, pero si nos da siempre el conocimiento de su voluntad. El nunca quiere que estemos confundidos acerca de lo que es su voluntad. El quiere que tengamos su sabiduría y su entendimiento para que podamos caminar de una manera que imita a Jesús. ¿Pero cómo podemos alcanzar tal conocimiento totalmente en este lado de la puerta de cielo?

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Amuletos y Talismanes – Líbranos del Mal

Otra Enseñanza de la Serie: «Líbranos del Mal»

Los amuletos son objetos a los que se atribuyen el poder de expulsar las energías negativas y así alejar la mala suerte. Los talismanes, en cambio, son objetos a los que se les atribuye un poder mágico para atraer energías positivas y así traer buena suerte.

Todas estas cosas son, en el mejor de los casos, unas supersticiones; pues, en otros casos, podrían ser objetos maleficiados que nos causarían graves problemas.

Muchos jóvenes, que buscan poderes superiores y quieren triunfar en la vida con toda la ilusión de sus años juveniles, buscan el camino fácil del triunfo por medio de estos objetos, fáciles de comprar en tiendas especializadas, poniendo su confianza y su seguridad en estos objetos más que en Dios y en su providencia divina. A veces, aprenden a hacer ciertos rituales mágicos con los cuales también tratan de controlar y aprovechar para sí las fuerzas ocultas.

Por eso, nos dice la Iglesia, con su sabiduría de 2000 años: Todas las prácticas de magia o hechicería mediante las cuales se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo, aunque sea para procurar la salud, son gravemente contrarias a la virtud de la religión. Estas prácticas son más condenables aún, cuando van acompañadas de una intención de dañar a otro, recurran o no a la intervención de los demonios. Llevar amuletos es también reprensible (Cat 2117).

El negocio de los amuletos y talismanes, mueve muchos millones. Se venden toda clase de objetos por correo o en tiendas especializadas. Muchos de ellos representan cosas macabras con calaveras, imágenes satánicas o monstruos, que pueden estar en camisetas, llaveros, ceniceros, collares, sortijas… Lo curioso es que muchos magos hablan de amuletos y talismanes recargables cada cierto tiempo para así tener más ingresos de los incautos clientes. La Nueva Era promueve, especialmente, el uso de cristales y gemas, que, según ellos, son capaces de curar enfermedades y llenar a las personas de energías positivas.

He conocido personas y hasta niños a quienes sus madres habían llevado a magos o chamanes y les habían hecho llevar al cuello alguna piedra o cosas que parecían sin importancia y que, en vez de curarlos, los habían empeorado. ¿Por qué? Porque, si nos metemos en el terreno de nuestro enemigo el diablo, caeremos en las garras de su poder y, después, salir de él será más difícil y más costoso.

Veamos un caso concreto. Alessandra tenía 19 años y se interesó por el esoterismo, cuando tenía 14 años, al apasionarse por los dibujos animados japoneses. Dice:

Me fascinaba la cultura oriental y así empecé a leer revistas de la Nueva Era que parecían satisfacer mi curiosidad. Las historias de los dibujos japoneses y de la Nueva Era tratan temas como la magia y la reencarnación. Pronto me interesé por el tema de los cristales que, según la cultura de la Nueva Era, poseen una energía especial. Me impresionó muchísimo la idea de que estos poderes podían cambiar mi vida. Yo estaba mal en mis estudios y mi mejor amiga me había traicionado.

Empecé a ir a una tienda esotérica, que vendía algunas piedras especiales. Una de éstas me la habían prestado como un potente amuleto capaz de alejar toda la energía negativa. Me recomendaron llevarla siempre conmigo y no dejarla nunca sola. Desde ese momento, parecía que todo iba mejor y yo era realmente feliz y creía que la piedra mágica me daba suerte.

Un día, durante una excursión, perdí el precioso amuleto. Por la noche, cuando volví a casa, me di cuenta de su pérdida y me puse a llorar. Al principio, estaba desesperada. Me sentía perdida sin mi piedra mágica. Empecé a pensar que mi vida se iba a ir a pique y me iban a castigar por haber perdido el amuleto. Estaba aterrorizada. Me imaginaba una especie de demonio que me castigaba. Tenía miedo de que volviera a mi vida toda la energía negativa. Me sentía repentinamente débil. Había perdido mi preciosa aliada, la piedra mágica que me daba fuerzas para vivir.

Poco a poco, me fui rehaciendo. Mi profesora de religión me ayudó a salir de aquella trampa esotérica. Me dijo que tenía que encontrar la verdadera fuerza dentro de mí y que no podía dejarme condicionar por un amuleto de la Nueva Era. Desde ese momento, me sentí más feliz y llena de vida. Volví a casa con el corazón lleno de alegría y sin ningún miedo a las fuerzas negativas. Ahora, creo que fui una estúpida y no comprendo cómo pude caer en una trampa así; pero, cuando uno está solo, se agarra a cualquier cosa, incluso a una piedra.

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