Perdonar, perdonar, perdonar… otra vez?

¿Cuántas personas te han enseñado a cómo perdonar setenta veces siete veces? Esas son las que repetidamente – a veces setenta veces  en un día! – te dan oportunidades para practicar el perdón.

Este método de aprender la lección del pasaje del Evangelio de hoy NO es divertido. ¡Pero hay una razón por la que Dios lo permite!: Ellos necesitan este gesto de misericordia más que los demás. Y en su gran preocupación de Dios, por ellos, él los pone en NUESTROS caminos. ¡Caramba! gracias Dios, pero ¿no podrías haber escogido a otra persona?

Tales personas están en una necesidad desesperante de amor; ellos (los que nos ofenden) han recibido menos de AMOR que nosotros, y por eso ellos se comportan tan mal. En muchos casos, ellos NUNCA han recibido el verdadero amor; su única experiencia de tal “amor” es realmente la co-dependencia o el control o el condicionamiento.

En algunos casos, la enfermedad, las adicciones, la opresión demoníaca, o las enfermedades mentales les han robado la capacidad de recibir el amor, cuando de hecho, es dado a ellos.

Nadie puede dar lo que no tiene. ¡Ellos sólo nos pueden dar lo que sí tienen, y tristemente es dolor – y mucho de ello!
Nosotros les podemos dar el perdón que hemos recibido de nuestro querido Padre – el “rey que liquidó cuentas con sus funcionarios” en la parábola de las lecturas de hoy. Nosotros sabemos lo que es el amor, porque nos hemos abierto al amor generoso de Dios, y por lo tanto tenemos la responsabilidad de compartirlo con los que tienen menos.

¡Ellos quizás asumen que saben lo que es el amor;  pero ellos (los que nos ofenden..) no saben cómo reconocer el amor verdadero, incondicional y a imagen de Cristoasí que tenemos que persistir y perdonar y persistir y perdonar hasta que finalmente – finalmente! – nuestro amor abra camino en las barricadas de sus corazones.

Entonces, cuando ellos caigan de nuevo en sus ofensas, nosotros los perdonaremos otra vez. Nuestra persistencia quizás sea la única conexión verdadera a Jesús que ellos tienen.

Sin embargo, nosotros no siempre podemos tener éxito solos. A veces también el o ellos, son necesitados de la ayuda de otros; incluyendo consejeros, médicos, o terapeutas. A veces Dios nos dice que hemos hecho lo suficiente y es tiempo de alejarnos para que EL los pueda ayudar por medio de otra persona.

El proceso es largo. Tenemos que pedirle a Dios que nos de amor sobrenatural para estas personas que nos ofenden. Cuándo queremos renunciar prematuramente, podemos mirar a Jesús clavado en la cruz por nosotros. El no dejo de creer en nosotros. Si queremos verdaderamente seguirlo, tenemos que llegar a ser como él. Uniendo nuestros sufrimientos a su cruz, somos unidos íntimamente a su poder redentor.

Ora por los que te causan dolor; escoge perdonarlos. Es una elección, no un sentimiento. Y necesitamos hacerlo ahora, no cuando (ni si) ellos se arrepienten. Jesús no demoró su camino al Calvario esperando que la humanidad se arrepintiera antes de que fuera clavado por nuestros pecados.

Mientras lo sigues él en el espíritu del perdón, recuerda¡Después de la crucifixión siempre hay la resurrección!

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2 pensamientos en “Perdonar, perdonar, perdonar… otra vez?

  1. NO Puede ser
    Todos debemos tener la capacidad de perdonar, claro, en esto estamos de acuerdo ya que nadie es perfecto y cometemos errores. Lo que no se puede tolerar bajo ningún concepto ni religioso ni de otra índole es que alguien cometa un error intencionado o no, se le perdone para que tenga la oportunidad de rectificar, y al día siguiente vuelva a hacerlo. Se le vuelva a perdonar y así una y otra vez. Esto es perder nuestro tiempo con una persona que no lo merece, que no tiene intención de cambiar, y que se está riendo en nuestra cara. Que abusa de nuestra bondad, confianza, y que nos toma por imbéciles. Este comportamiento sólo perjudica al que se deja engañar ya que te humilla y no se tiene en cuenta para nada sus sentimientos. No señores, todo tiene un limite y cuánto antes lo pongamos a los abusones mucho mejor para nuestra salud mental y física. Ya se preocuparan ellos de buscarse otra víctima.

  2. Pingback: Perdonar, perdonar, perdonar… otra vez? | Santísima Trinidad

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