Nuestra Confianza en Dios

Ralph Martin

El pueblo cristiano sufre grandes presiones en todo el mundo. Mencionamos solo las presiones políticas y económicas.

Mas y mas personas tienen aparatos de televisión, aun los mas pobres.

Que miran ellos por TV? Solo programas corruptores producidos en su gran mayoría en países ricos.

Hasta la población cristiana muestra hoy deformación en sus mentes por influencias no cristianas y, sin saberlo, su fe en Dios ha ido cambiando. También su moral ha sido dañada. La escala de valores ha sido modificada por la que presenta la TV.

La TV… estando en Israel, vi camellos en el desierto y cerca de ellos en una tienda en pleno desierto una antena de TV.

Hay, de verdad, fuerzas no cristianas poderosas, acechando hoy día a toda la humanidad, a ricos y pobres. Hasta en la Iglesia hay problemas: existe hoy una confusión sobre verdades básicas del Evangelio.

Hoy, hay dudas en las mentes de los católicos, y en esas dudas se halla involucrada la verdad.

Una cosa para mi muy importante, que necesitaremos en los próximos años, algo que necesitaremos para poder compartirlo con nuestros hermanos, es “la clase de confianza en Dios”, basada en un conocimiento claro de Su Palabra que nos mantenga a nosotros personalmente y a aquellos que pastoreamos, en una relación correcta con El, para poder enfrentar los problemas que se nos presenten.

Una de las frases claras del Señor que podemos leer en las Escrituras es que un cristiano no debe permitir ser dominado por el temor, ni por la ansiedad, ni por la preocupación.

La clase de relación que hoy tenemos con Dios, nos posibilita liberarnos del temor y a ansiedad y nos permite, de ese modo, permanecer en un estado de paz y confianza, que permite a su vez la sabiduría y el poder del Señor, guiarnos y usarnos aun en tiempos de grandes presiones y dificultades.

Leamos Filipenses 4, 6-7: “En cualquier circunstancia, recurrid a la oración y a la suplica, junto a la acción de gracias para presentar vuestras peticiones a Dios. Entonces la paz de Dios, que es mucho mayor de lo que se puede imaginar, guardara vuestro corazón y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

En un tiempo de dificultades tremendas hay una cosa muy importante para los líderes sobre todo, y para las personas que pastoreamos mantener los corazones y las mentes centrados en Cristo Jesús.

Si no podemos mantener nuestras mentes y corazones centrados en Jesús, no seremos capaces de mantenernos abiertos a la “dirección de Dios”, que nos da para nosotros y para quienes pastoreamos.

En Filipenses se dice que “no debemos preocuparnos por nada”… En absoluto, por nada.

En Lucas, cap 12, Jesús dice repetidas veces, de varios modos “No se preocupen”. Podríamos citar muchos otros textos; en todos ellos insiste que el pueblo cristiano debe estar liberado de la ansiedad y de preocupaciones.

No quiero hoy enseñar a ustedes una técnica psicológica, tampoco una técnica que produce “paz” en la mente, tampoco quiero darles consejos que los guíen hacia un “optimismo” no quiero dedicarles una exhortación hacia la confianza estoy proclamando una verdad en cuanto a la persona de Dios, en cuanto a quien es Dios, que ha hecho por nosotros y que nos ha prometido hacer por nosotros, por ser sus hijos e hijas.

En otras palabras: la confianza que debe tener el cristiano esta basada en hechos y verdades en cuanto a quien es Dios, lo que ha hecho y lo que ha prometido hacer por nosotros.

La confianza y la paz de un cristiano son absolutamente distintas a los esfuerzos humanos tendientes a logarlas, esfuerzos basados en técnicas psicológicas. La paz y la confianza de un cristiano, son basadas en “hechos y verdades”.

Tratemos ahora de explicar las bases o fundamentos de nuestra confianza en Dios.

La primera base o primer fundamento que Dios nos ofrece es: El compromiso que El ha contraído con nosotros.

Leamos Hebreos 13,5-6.: “No estéis apegados al dinero: mas bien conformaos con lo que tenéis, pues Dios dice: “Nunca te dejare ni te abandonare (Dt.31,6) y nosotros hemos de responder confiados: El Señor es mi socorro, no temeré. Que pueden contra mi los hombres?” (Sal.118,6).

Observemos el compromiso de Dios y nuestra respuesta cual debe ser.

En estas palabras hay contenida una verdad profundísima: la promesa que Dios hace, esta metida en medio del contexto de angustia económica, porque Pablo decía que no debían preocuparse por el dinero y conformarse con lo que tenían.

Casi todos los hombres, ricos y pobres, si no conocen al Señor, se preocupan por cuestiones económicas: los pobres desean tener lo que no tienen y los ricos quieren que los pobres no tengan lo que hoy solo ellos tienen. En los primeros la angustia puede expresarse por: “No tengo”, y en los ricos: “No quiero compartir”.

Pero la Palabra de Dios tiene por propósito liberar a los cristianos de esa ansiedad por los temas económicos que los incapacitan. Y la promesa de Dios esta justamente inserta en este contexto, en el que El atiende nuestras necesidades materiales.

La promesa de Dios en este texto: “Nunca te dejare ni abandonare”, esta referida a las necesidades económicas.

Claro que podemos dar una explicación más amplia del mismo texto, pero es interesante como Pablo aplica esta promesa del Señor.

Luego de hablarnos de esta forma, el Señor nos deja andar por los caminos de este mundo armados de una libertad y una confianza que los seres humanos no podríamos lograr de ninguna manera.

Nosotros entonces podemos decir con seguridad: El Señor es mi ayuda. Yo tengo un ayudante en los cielos. No debo depender del líder del sindicato de trabajo, ni del presidente de la cooperativa, ni del sistema económico del gobierno, ni del petróleo mundial. Mi bienestar económico no depende de ellos; mi bienestar económico depende solo de una promesa que el Señor me ha hecho a mí. Y por eso puedo decir; que me puede hacer ningún hombre?

En Lucas 12, Jesús dice que no nos preocupemos por los que pueden dañar el cuerpo; que temamos solo a los que nos pueden hacer algo para separarnos de El.

Jesús, sentado en la gloria el Padre, en la gloria de la Resurrección, nos hace la promesa de que, lo peor que nos pueden hacer los hombres, que es matarnos, aun eso será reducido a nada por Dios y transformado en una victoria gloriosa como la de Cristo, resucitándonos de entre los muertos, confundiendo así a los que nos den muerte.

Estas son promesas concretas del Señor que deben producir cambios profundos en nuestras vidas, en la forma de enfrentar las ansiedades y las presiones del mundo moderno y las opresiones que esclavizan a la Humanidad y que son obstáculos para la Obra del Señor y dificultan el cumplimiento de sus promesas para con nosotros.

Si nosotros ponemos nuestra confianza en cosas que no son del Señor y no son en sus promesas. El nos dejara vivir nuestra experiencia para que veamos que sucede, para que comprobemos su veracidad.

Un primer fundamento de la confianza que el cristiano debe tener en Dios, entonces: El compromiso contraído por El con nosotros.

Otro fundamento de esta confianza: Comprender quien es El, que nos habla así.

Leamos a Timoteo 1, 11-12.: “…del que fui establecido como predicador, apóstol y maestro. Por esta causa padezco esta nueva prueba. Pero no me avergüenzo porque se en quien puse mi confianza, estoy convencido de que es poderoso y que me guardara hasta aquel día lo que deposite en sus manos”.

Nosotros de manera similar a este texto podríamos decir: “…para proclamar el Evangelio hemos sido elegidos lideres de la Renovación Carismática y por eso sufrimos como estamos sufriendo…”

Podríamos decir: yo se bien con quien tengo puesta mi confianza, lo conozco bien, yo se bien quien es El cuya palabra creo y estoy seguro de que es capaz de protegerme hasta que llegue el ultimo día.

En medio de las dificultades, Pablo afirma que sabe bien en quien puso su confianza, porque lo conoce bien, sabe a la fidelidad de su palabra, sabe que puede hacerlo responsable de toda su vida, basándose en la veracidad de El.

Quien es El? Quien es esta persona en la cual el cristiano basa su fe? Cual es la naturaleza de este dios nuestro, que promete que no nos fallara ni nos abandonara nunca, este Dios que Pablo conoció personalmente y e quien puso una confianza absoluta mientras estaba inmerso en un mar de dificultades y sufrimientos?

Este Dios es infinitamente bueno… y este es otro fundamento para nuestra confianza en El.

Los Salmos lo dicen: Dios, es inmensamente bueno, increíblemente bueno, vayamos a gustar su bondad, a saborearla.

Su bondad llena el Universo. Como dice el salmo: “Su bondad y misericordia son eternas”. No hay límites para la bondad divina y podemos confiar en ella.

Otro fundamento de nuestra confianza es: el amor de Dios.

Que podemos decir? Mientras éramos aun pecadores (hoy todavía lo somos) El nos amaba, cuando éramos egoístas nos amaba, aun cuando éramos enemigo de El, recibíamos su amor. Tanto que entrego a su Hijo único para ser crucificado por nuestras manos, abandonándolo a sufrir lo que sufrió, solo por el amor que nos tiene.

Ayer visitamos un templo de típica arquitectura colonial americana y en el nos detuvimos frente a una imagen antigua que representa a Jesús caído bajo el peso de la cruz.

Nosotros fuimos educados, en cierto modo “programados” para no aceptar esta clase de arte que llega a los sentimientos. Nosotros, católicos tan educados, rechazamos esas imágenes españolas del siglo XVI tanta sangre, tantas lagrimas…

Pero la verdad es que fuimos tocados en lo profundo de nuestros corazones, fue una experiencia en la que se nos comunico la realidad del sufrimiento del Señor. El Espíritu Santo utilizo esta imagen hoy para tocarnos a nosotros, católicos tan formales, a varios descendientes de sajones tan poco sentimentales, como la uso por cuatro siglos para inspirar los mismos sentimientos a otros.

El dolor reflejado en el rostro del Señor y tanta sangre, nos hablo del compromiso y del amor de Dios y salimos del templo con más confianza en El, mas convencidos de lo que hizo por nosotros.

Eso es exactamente lo que nos comunica la Escritura. Cuando tengamos dudas sobre el amor que nos tiene, miremos su Cruz, aplicándolo a la situación particular de cada uno.

Leamos a Romanos 8, 31-32.: “Que decir después de esto? Si Dios esta con nosotros quien estará contra nosotros? (Sal.27, 1 y 118,6). Dios que no perdono a su propio Hijo sino que lo entrego por todos nosotros, como no nos va a conceder con el cualquier cosa”?

Si tu ves el afán, el empeño con que Dios busca tu bien, que importan las oposiciones? No son nada comparadas con aquel empeño.

Además, Dios no se limito a dar solo a su Hijo Único: ahora El va a darnos lo que necesitamos como discípulos para servir a Su Hijo y cumplir Su Voluntad y nuestras responsabilidades con toda fidelidad.

Si miramos y analizamos todo lo que Dios nos ha dado, lo que necesitamos hoy no es nada comparado con aquello. Eso también esta dicho explícitamente en la Escritura.

Estudien lo que El ha dado al darnos Su Hijo. Por supuesto que ahora El nos dará lo que necesitemos para seguirlo fielmente.

Pero veamos otro fundamento de nuestra confianza.

Dios no solo es bueno, no solo es amor, no solo es verdad y fidelidad perfecta: Dios es Poder.

Dios en su amor es efectivo, en su bondad es efectivo, en su verdad es victorioso. El puede realizar todo lo que ha dicho. El puede hacer realidad cada una de sus promesas. No hay poder que oponerle. El vencerá todo obstáculo.

Por fin, El quitara del Universo todo lo que sea malo, alejara de su presencia a todos los que han rechazado a El o a su Reino. Y establecerá directamente Su Reino sobre todas las criaturas, en el Universo entero.

La primera vez, en su primera venida, el Señor no hizo sino dar su vida como el Cordero del sacrificio, como ofrenda por nuestros pecados.

La segunda vez, El vendrá como Rey Crucificado con todos sus ángeles, para juzgar a los vivos y a los muertos. La primera vez vino como un cordero va al matadero, pero la segunda vendrá como Rey y Juez.

La exigencia para los cristianos es que deben vivir en la luz, en la luz del regreso seguro, la segunda venida de Jesucristo, llegando como Rey y como Juez.

Es por eso que pueden tener una confianza que nadie mas puede tener. Con respecto a los obstáculos al reino y a la luz del Señor, los que son hoy los primeros serán los últimos y los que son hoy los últimos, serán los primeros. Se pondrá al revés la situación actual.

Lo que dicen quienes escriben la Historia, en cuanto a que alguien es un “gran hombre” puede que a los ojos de Dios no tenga grandeza ninguna. Los “grandes hombres” no son quizás ellos. Todos los hombres y toda la Historia serán juzgados otra vez.

El juicio consistirá en saber si hemos servido o no a los propósitos del Señor, o si nos hemos opuesto a ellos.

Habrá revelación de los secretos de todos los corazones. La luz del Señor penetrara toda oscuridad y todos los que han servido los propósitos del Señor, los que han aceptado a Su Hijo y han respondido afirmativamente a su ofrecimiento de salvación, los que han aceptado el sacrificio de la Cruz, el sacrificio de Cristo, los mas pequeños, los menores, los que han servido, los que han recibido al Señor, esos van a entrar a Su Reino.

Los otros, los que rechazaron al Señor, serán echados fuera, en medio del rechinar de dientes: Dios es un Dios de poder, poder inmenso, el poder último. El puede cumplir sus promesas. El hará que su amor sea efectivo para que su bondad se imponga.

El poder que el Señor demostró cuando resucito a Jesús de entre los muertos, el mismo poder fue prometido que seria puesto al servicio nuestro, mientras dejemos a Jesús vivir con nosotros, mientras nos esforcemos por servirlo a El.

El Evangelio también dice que El esta obrando en nosotros, es mas grande que el que esta trabajando en el mundo.

Las fuerzas del mal que trabajan en el mundo, no son más poderosas que las del Señor, que obra por medio de Jesús y de Su Cuerpo.

Recomiendo aquí la lectura de un texto: Hebreos 2, 14-15.

Es una proclamación de la segunda venida de Jesús, que aplasta al demonio en el momento de llegar, al demonio que esclaviza a la Humanidad por miedo a la muerte. Toda la envidia, la injusticia social en el mundo, todas esas actitudes horribles de unos hombres para con otros, tienen su raíz en el temor a “tener que morir”.

Tememos no tener alimento o ropa suficiente, tememos que los muros de nuestra ciudad no sirvan de protección suficiente, tememos la inseguridad política, la próxima guerra y la enfermedad, porque todas estas son amenazas contra nuestra existencia. Tememos no seguir con vida, tememos haber llegado a nuestro fin.

Dominados por este miedo a morir cedemos a la envidia y al lujo y al egoísmo, en un esfuerzo estéril por salvar nuestras vidas.

Y así llegamos a estar incapacitados para servir a los demás, para compartir con los demás, porque no estamos seguros de que lo que tenemos es suficiente para nosotros y nuestras familias.

Este temor es obra del demonio y el Señor Jesús vino exactamente para liberarnos del temor a la muerte, y logro esta liberación por medio de la Crucifixión y su Resurrección. Como nosotros compartimos en El su Crucifixión y estamos unidos a El en el bautismo, también ahora mismo comenzamos a compartir su Resurrección porque sin dudas, resucitaremos con El en el último día.

El conocer y experimentar la realidad de estas palabras, su verdad, debe causar este efecto en nosotros los cristianos, debemos estar liberados del miedo a morir.

Ahora si, sin temor a la muerte podremos compartir nuestros bienes, podremos entregarnos en servicio a los demás, no temeremos el futuro ni nada que afecte a nuestra propia vida: estamos liberados por la Muerte y Resurrección del Señor y ya tendremos plena libertad.

Otro fundamento de nuestra confianza es que… Dios no solo es bueno, no solo es amor, no solo es fiel, no solo es Todopoderoso, sino que El es sabio.

El es inteligente, listo, y en plenitud de su sabiduría, El puede ordenar los hechos de nuestra vida, los acontecimientos en la Iglesia, en la vida de las naciones, orientándolos a la victoria de Su Reino.

Lo que hoy sucede en Medio Oriente esta dentro de lo permitido por la Sabiduría Divina. Nada sucede fuera de ella, que escape a ella, aun esas cantidades enormes de cosas malas que vemos. Dios las permite porque de algún modo las usara para la Gloria y Victoria Final de Su Hijo.

Leamos Romanos 8,28: “También sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman, a los que El ha llamado según su voluntad”.

Ellos se han colocado en esta posición: Dios puede usar todo lo que tiene en su vida, lo bueno y lo malo, para su bien. Como hacer?. El sabe bien, es infinitamente sabio en su manera de bregar con nosotros individualmente, o con los pueblos. Recuerden los problemas del “pueblo de Dios” en el Antiguo Testamento, cuando entro en el la corrupción, dejo de mirar a Dios y de confiar en El, cuando perdieron su confianza y pensaron concertar alianzas políticas con Egipto, cuando miraron a otros dioses, cuando quisieron imitar el estilo de otros pueblos para escapar del sufrimiento de ser el “pueblo único” diferente, distinto, puestos en ridículo por su fidelidad al Señor, Dios permitió a los pueblos vecinos triunfar sobre ellos y conquistarlos, como una forma de juicio y castigo.

“Para disciplinar a mi pueblo, para que ellos tengan la experiencia de la inutilidad de celebrar alianzas políticas, para que vivan la experiencia de ser como los otros pueblos asimilados a otras culturas que no son de Israel, que allí no esta la salvación y la felicidad, ellos deben ver que a esto sucede miseria y muerte”. Así debemos reflexionar sobre la verdad de la Escritura.

El hombre que trata de salvar su vida por sus propios esfuerzos, la perderá. Pero el que esta dispuesto a morir, a perder su reputación, su aceptación por la sociedad, el que esta dispuesto a romper con las predominantes culturas seculares y hacerse pequeño a los ojos del mundo, este es el que salvara su vida. Esta es la “Ley del Evangelio”.

La verdad de esta afirmación esta reflejada en nuestra historia humana, en la historia de las naciones, todo ello sucede dentro de lo permitido por la Sabiduría de Dios y todo lo ordenado hacia la victoria final del Señor, como preparación para el “día del juicio”.

Así, hoy, hay un “juicio sobre la Iglesia” porque hemos mirado a otros dioses, hemos dependido de alianzas humanas, hemos dependido de otras cosas que no son Dios mismo. Y Dios esta juzgando a la Iglesia para dirigirla, para dirigir su pueblo, para hacernos volver a El.

Si ustedes me preguntan: que es la Renovación Carismática?, yo les respondo: es un volver al Señor, porque debemos convertirnos al Señor, debemos volver a la vida del pueblo de Dios, renunciar a dioses falsos, dejar de depender de esfuerzos humanos; hay que comprometerse otra vez a servir un solo señor y sufrir lo que tenemos que sufrir por servir a un solo Señor, por ser fieles a la Palabra de Dios.

Si seguimos este camino, descenderá la bendición sobre el pueblo. Hay una necesidad de arrepentimiento universal, de todos nosotros como un pueblo, es decir: el Papa, los Obispos, sacerdotes, religiosos, laicos, todos debemos mirar hacia el Señor, debemos arrepentirnos de poner nuestra confianza en las cosas, como si de ellas fueran la salvación, debemos ponernos en orden a la Palabra del Señor, bajo la dirección de Su Espíritu, para que la vida de la Iglesia sea de nuevo bendecida.

Como podemos nosotros alcanzar esta confianza, llegar a penetrar en ella?

Como podemos lograr esta clase de relación con el Señor, que nos permita vivir una vida sin temor, triunfal, alegre, una vida cristiana de fe?.

El la realidad de tantas oposiciones, de tantas dificultades, la Escritura dice: “Acércate al Señor y El se acercara a ti”.

Veamos también Lucas 12, 22 ss… Nos dice: miren, miren la preocupación de Dios por la creación, miren las flores al borde de las carreteras, las lluvias en las montañas. Ustedes deben comprender que El esta mucho mas preocupado por sus vidas. Y si ustedes pueden apreciar su preocupación por las necesidades de la Creación toda, esta es solo una sombra de lo que tiene por ustedes y el deseo que tiene de servirlos.

Eh tu, escúchalo. El no habla así con la muchedumbre, sino con sus discípulos y esto se los dice a ellos, a quienes han puesto a El al frente de sus vidas.

Que no se preocupen por sus vidas, por lo que necesitaran para cubrir su cuerpo, no se preocupen por lo que habrán de comer, ni lo que habrán de beber: Dejen de preocuparse.

No es necesario un comentario de las Escrituras para entender lo que el Señor dice, no hace falta un discurso ni un dialogo de intelectuales para entender estas palabras; ellas dicen simplemente: No preocuparse, dicen que los discípulos no deben temer.

Todas las naciones del mundo están preocupadas por estas cosas. Una de las características de los que no conocen al Señor es, que centran sus vidas en la búsqueda y en la posibilidad de asegurar su supervivencia.

El miedo a la muerte se traduce en la búsqueda de lo material.

Tu Padre sabe lo que tú necesitas; ya El te creo sabiendo cuales serian tus necesidades materiales. En vez de preocuparte tu por estas cosas, busca Su Reino y las cosas que necesites te serán dadas por añadidura. Ese es el mensaje de los discípulos de Jesús; ellos pueden contar con la ayuda de su Padre en cuanto a lo que necesiten para vivir y si ellos dedican su vida al servicio del Padre, el Padre se dispondrá a servirlos a ellos.

Por ultimo la Escritura nos dice explícitamente que Dios quiere que tengamos confianza aun en medio de un mar de dificultades y problemas.

Este es el miedo del mundo de hoy. La Humanidad sabe hoy que hay un peligro para su existencia, que el sistema económico que conocemos es injusto en si, que quizás fracase totalmente y que no solo los pobres, sino también los ricos, sufran hoy más que nunca. Sabemos que no existe estabilidad política en muchas partes del mundo, que no hace falta más que un instante para vernos comprometidos en la III Guerra Mundial, que otros accidentes nucleares como los ya ocurridos pueden destruir en un momento ciudades completas.

La humanidad siente en lo profundo de los corazones que ella misma no posee hoy día el control de la situación, que lo que esta sucediendo esta fuera de control.

Que el hombre en su oscuridad, el hombre ciego, el hombre en su envidia y su temor, en su violencia, va hacia un desastre.

Pero en medio de todo esto, en medio de las dificultades, el pueblo de Dios, lleno de confianza en El, en medio de sufrimientos proclama la Palabra del Señor, demuestra su verdad en sus propias vidas y ofrece la única esperanza de salvación a los que están dispuestos a creer y a unirse a el como discípulos del Señor.

Aquí les recomiendo meditar sobre los textos: 1 Pedro 4,19. y Hebreos 4, 14-16.

Este ultimo nos dice que el mismo Jesús paso por sufrimientos compartiendo plenamente con nosotros nuestra naturaleza humana, pero que ya esta sentado glorioso a la derecha del Padre.

También nosotros, en tiempos de dificultades, con una confianza absoluta en El, podemos acercarnos al trono de Dios sabiendo que siempre recibiremos su misericordia y su protección en las necesidades.

Gloria a Dios.

Un pensamiento en “Nuestra Confianza en Dios

  1. de una claridad y profundidad que cautivan el alma!. Gracias Señor por esta enseñanza!
    Y gracias a ustedes hermanos que la publican. Un abrazo en el Señor

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