Liderazgo Espiritual – P. Francisco Muñoz Molina (o.ss.t) – Renovación Carismática Católica

El presente artículo es un extracto correspondiente a una de las charlas que forma parte de la instrucción sobre liderazgo espiritual que los líderes de la Renovación Carismática están recibiendo alrededor del mundo.

imagenes.aspUno de los factores más importantes para desarrollar el liderazgo espiritual en nuestros grupos de oración y comunidades, es comprender lo que es el liderazgo espiritual. Si no lo comprendemos o no sabemos lo que estamos buscando, es muy difícil que nos formemos nosotros mismos, o formemos a otros en la clase de líderes que Dios quiere tener. Uno de los problemas que enfrentamos son las concepciones erróneas acerca de lo que debe ser un líder el cuerpo de Cristo.

La primera concepción errónea es tomar el liderazgo dentro del cuerpo de Cristo, de acuerdo los modelos seculares que obtenemos una experiencia en el mundo de los negocios. Incluso, hasta en algunas estructuras corrientes en la iglesia en la que se adopta modelos del mundo de los negocios.

La teoría de este modelo es que para ser líder, una persona tiene que ser  agresiva, ambiciosa de triunfos personales, promotora de sí misma y tratar siempre de estar en la cima, porque en el mundo de los negocios el éxito o valor de una persona se evalúa, muy a menudo, sobre la base del progreso que tiene por encima del número de empleados de su corporación o negocio. Obviamente ustedes pueden ver el problema que esto traería en los grupos de oración, si la gente actúa guiada por un liderazgo que les empuja a la auto ambición, a “tratar de estar en la cima”. Otro modelo del mundo de los negocios que podemos considerar, es el de la formación de comités. Esto se plantea cuando en un grupo de oración pensamos así: “bueno, necesitamos dirigentes y tenemos que hacer ciertos trabajos; formemos entonces un comité. Elijamos unas personas para que trabajen y otras para que estén al frente; organizados así, podremos hacer el trabajo”. Pero en nuestros grupos de oración o comunidades lo que estamos tratando de llevar a cabo no es una serie de trabajos, sino lograr un nuevo tipo de relaciones y condiciones de vida entre hermanos y hermanas, y la fórmula de ”organicémonos y hagamos el trabajo” no es suficiente para alcanzar la meta que perseguimos.

El segundo modelo inadecuado lo podemos obtener en el líder político. Dentro de esta concepción la gente se elige por voto popular. El candidato hace su campaña para estar en posición de poder realizar sus programas o proyectos con  el  apoyo del resto del grupo. El problema que esto crea en un grupo de oración o comunidad, es que nos lleva a un voto inconsciente, y el resultado inmediato es la formación de bandos dentro del grupo, cada uno con una idea o programa de cómo deben llevarse acabo las cosas. Cada fracción tratará de ganar a su favor de mayor número de gente que les acepte y les ayude a lograr su empeño. Al crear fracciones, empezamos a romper las relaciones de hermandad que son esenciales para el éxito del grupo que Dios desea que formemos.

Los dos modelos anteriores tienen claramente sus problemas. Por ello, mucha gente no quiere caer en los modelos de liderazgo que han conocido y deseosos de esquivar la atracción por la ambición, el éxito personal, los problemas de división y la competencia que ocasionaría el método político dentro del grupo de oración o comunidad, comienzan a reaccionar en contra de estos modelos, cayendo entonces en otra errónea posición que es probablemente la más predominante en nuestro mundo de hoy y también en nuestros grupos de oración. Está equivocada posición es el “grupo  sin dirigentes”. Este es un grupo que dice: “bueno, somos dirigidos por el propio espíritu Santo, no tenemos dirigente alguno”. Esto lleva a una serie de problemas: nadie es responsable, por tanto en el grupo sufre de falta de iniciativa  y,  por consiguiente, esto se traduce en falta de vida las reuniones y en la vida general del grupo. Otro nuevo inconveniente está en que los problemas se escapan de las manos sin resolverse. Por ejemplo, si en un grupo de este tipo se presenta la situación de una profecía falsa O un mensaje  no profético, nadie quiere tomar la iniciativa para corregir el problema; algunos se sienten afectados por esta situación y empiezan a retirarse del grupo o a quejarse, y puede llegar hasta faltarles la fe en la misma profecía. Puede, incluso, comenzar a manifestarse en el grupo problemas emocionales o psicológicos en algunas personas, sin que nadie quiera tomar la iniciativa para corregirlos. Así, los problemas comienzan a dominar el grupo y hacen imposible que este crezca en la manera que debería  hacerlo, además de dejar a las personas afectadas si la suda que necesitan recibir.

Los grupos sin dirigente o que simplemente los guías el espíritu Santo, son de todas formas un falso ideal. En realidad, no existe semejante cosa. Los trabajos que deben ser realizados en el grupo, como planear las cosas, hacer llamadas telefónicas, comenzar las reuniones o tocar la música, son trabajo que tienen que ser hechos por alguien; y ese ”alguien”, en realidad, es el que en ese momento se constituye el dirigente del grupo.

Para nuestros grupos de oración el Señor quiere un tipo de liderazgo distinto de los modelos que hemos considerado anteriormente. En Mateo 20: 25-26, Jesús habla a sus discípulos alertándoles en contra de algunos tipos de liderazgo y mostrándoles uno como el ideal, el liderazgo que Él quiere: “sabéis que los jefes de las naciones las gobiernan como señores absolutos y los grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros será vuestro servidor y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo vuestro; de la misma manera que el hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos”. La alternativa a estos falsos modelos de liderazgo es el servicio, servicio espiritual. Entre cristianos liderazgo es servicio. En la comunidad cristiana líderes no son solamente aquellos que tienen toda clase de posiciones de responsabilidad, como estamos acostumbrados a pensar al usar la palabra “líder”, sino que cada uno en la comunidad puede tener un servicio que realizar dentro del cuerpo de Cristo.

Aún en el caso de que utilicemos la palabra ”líder” para designar a aquellas personas que tienen completa responsabilidad de un grupo o parte del mismo, el liderazgo en este sentido también significa servicio; no es una posición para engrandecerse o para realizarse personalmente, o para satisfacer ambiciones personales, si no que debe tomarse como un servicio que se ejerce por amor. Hemos dicho que liderazgo es un servicio espiritual. Por espiritual se entiende que está formado por el espíritu Santo o ” en el espíritu” y no solamente por manifestaciones supernaturales. Con mucha frecuencia en la renovación carismática se piensa que las únicas cosas realmente espirituales son la supernaturales. Esto no es cierto, es obvio que no todo lo supernatural es espiritual; hay cosas malas que son supernaturales como es el espiritismo.

En el sentido cristiano, espiritual o ”En el espíritu”, se refiere a aquello que está formado por el Espíritu Santo, guiado por el Espíritu Santo, y hecho en tal forma que manifiesta los frutos del espíritu. Por lo tanto liderazgo espiritual no significa exactamente un servicio supernatural. Si pensamos en lo espiritual como algo estrictamente supernatural, llegamos a un problema fundamental. Comenzamos a pensar que las personas que tienen más fenómenos supernaturales en sus vidas deben ser los líderes, porque nos pareciera que esas personas son las más espirituales o que están mas ”en el espíritu”. Incluso, podemos llegar a no ser líderes nosotros mismos o a no animar a otros a ser líderes, por qué no vemos en ellos ni en nosotros muchas manifestaciones de orden supernatural y, por lo tanto, pensamos que ni nosotros ni ellos somos suficientemente espirituales.

La dificultad que a menudo vemos en el mundo y también hasta en la comunidad cristiana, es la forma competitiva en el servicio espiritual;  es decir, una persona puede ver a otra y decir: “¡ caramba, verdaderamente quisiera hacer profeta!, o ¡ Válgame Dios!,  Creo que preferiría hacer un pastor, O cualquier otra cosa”.  En esta forma podemos comenzar a competir contra los otros hermanos y hermanas por la clase de servicio que ellos o ellas se sienten llamados a desempeñar. Pero en el cuerpo de Cristo la variedad de servicios existen, están basados en el don. La posición de servicio no depende de la capacidad de ganárselo a otro, sino del don de Dios.

Así, cuando cada uno está en el lugar donde Dios quiera que esté, siente paz consigo mismo y en sus relaciones con los demás, así como también hay integridad en su vida, sin que le afecten las posiciones de servicio que los demás puedan tener.

Nuestro valor o mérito en el cuerpo de Cristo está asegurado por nuestro amor de unos por otros como hermanos y hermanas, no por nuestra posición o servicio en el cuerpo. Por lo tanto a pesar de que en el cuerpo de Cristo hay variedad de liderazgos basados en una variedad de dones, hay cierta unidad para todos los diversos servicios y formas de liderazgo. En 1 Corintios 13, tenemos lo que podríamos considerar la continuación de lo que antes leímos de San Pablo sobre los dones. Pablo dice:” aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor soy como bronce que suena  o címbalo que retiñe.  Aunque tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo amor, nada soy”. El servicio básico que todos tenemos, sin considerar si tenemos fe o poderes, o conocimiento, o lo que sea, es amar; preocuparnos por nuestros hermanos y hermanas y participar del mensaje de Cristo en la situación en que vivimos, porque nuestro amor y cuidados son para esos con quienes estamos obligados.

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