Superstición – Líbranos del mal

Éste es el segundo artículo de la serie “Líbranos del mal” que estamos publicando en nuestra página.

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Hay revistas juveniles con mucho contenido mágico, esotérico y supersticioso. Por ejemplo, en la revista mensual de Disney, Witch (bruja), de abril del 2001, se dice a las adolescentes nacidas bajo el signo de capricornio: el animal que te traerá suerte es la cabra. Pon una foto suya en tu mochila y te sentirás decidida e inamovible como ella. Para aries: éste es el mes ideal para las magias de amor; el día trece escribe en un papelito rojo el nombre del chico que te gusta. Dale tiempo y la situación mejorará… En números siguientes, habla de que para solucionar sus problemas, deben beber infusiones de menta, poner granos de arroz en contenedores de cristal, exponer dijes a los rayos del sol, tener hojas de abedul debajo de la almohada y una pizca de artemisa dentro de los zapatos. En el cuarto número de Witch, de junio del 2001, ofrecieron como obsequio a sus lectoras una gargantilla talismán.

Estas supersticiones se suman a otras que cree mucha gente. Dicen que los gatos negros dan mala suerte o el pasar por debajo de una escalera o romper un espejo. Aseguran que el número trece o martes trece resultan fatales. No se debe dejar una cartera en el suelo ni menos regar la sal. La noche del 31 de diciembre hay que llevar ropas íntimas amarillas y comer doce uvas al toque de las doce campanadas de medianoche para tener suerte durante el nuevo año, y salir a la calle a dar una vuelta con una maleta, para poder tener buenos viajes.

Algunos creen que tocar madera o hierro protege de la mala suerte, cuando se habla de algo peligroso o pasa un funeral o mientras se oye el sonido de la sirena… No faltan quienes creen que poner detrás de la puerta una mata de sábila o una herradura, protege del mal. Algunos dicen que el trébol de cuatro hojas aleja todas las desgracias. Y no faltan quienes creen que con sólo repetir ciertas oraciones un número determinado de veces, se van a cumplir nuestros deseos. O escribiendo las famosas cadenas de san Judas Tadeo o de otros santos, que son copiadas 80 veces y dejadas en iglesias diferentes; pues, de otro modo, pueden sucederle desgracias.

Algunos piden agua bendita de siete iglesias para que tenga más efecto. En algunos lugares, tienen la costumbre supersticiosa de tener una planta llamada planta mágica o planta de la felicidad. Deben regarla una vez al día, expresando un deseo y pronunciando una palabra particular y creen que todo se cumplirá. Tampoco faltan quienes consiguen de los magos velas o incienso o hierbas para la suerte. Los mismos magos tienen imágenes en sus consultorios o rezan algunas oraciones, para dar tranquilidad a los clientes y hacer más eficaces sus ritos anticristianos.

Hay muchos incautos, que leen los horóscopos en el periódico o en las revistas, como si fueran infalibles. Muchos los consultan como una guía práctica para sus vidas para ver si les irá bien en tal negocio o en la elección de pareja o para decidir sobre cualquier problema personal, en vez de confiar en Dios y en su providencia personal. Hay quienes planifican sus hijos para que nazcan bajo tal o cual signo del zodíaco, que le dará mejor suerte, como si el destino de cada uno estuviera escrito en las estrellas.

Estos fervorosos seguidores de los horóscopos, no se dan cuenta de que la creencia de que el Universo está rodeado de doce constelaciones, que dan origen a los doce signos del zodíaco, hace tiempo que se conoce como errónea, pues la ciencia moderna ha descubierto que no son doce las constelaciones sino catorce, lo que hace que todos los horóscopos, basados en los doce signos del zodíaco sean equivocados.

Además, el acudir a los astros para conocer el futuro está prohibido por Dios, que nos dice en su Palabra: Estás cansado de consultar. Que se presenten y te salven los que describen los cielos, los que observan las estrellas y te hacen saber cada mes lo que te sucederá. Son briznas de paja que ha consumido el fuego, no podrán salvar sus vidas del poder de las llamas…, y no habrá quien te salve (Is 47, 13-15).

La Iglesia nos dice que la superstición: representa en cierta manera una perversión, por exceso, de la religión (Cat 2110).

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